Sólo necesita agudizar un poquito los sentidos. Recuerde estas claves:
Color y textura: Al observar la yerba sobre una superficie clara, el color tiene que ser un verde seco con tonalidades amarillentas. Si las hojas tienen vestigios negros quiere decir que está quemada. Debe estar atento a que el polvo sea de la hoja y no del palo. Nunca debe tener granitos negros y lo mejor para conocer la calidad es tomar un puñado de yerba, apretarla con fuerza, colocarla cerca del oído para escuchar como cruje. Eso es básico para saber si tuvo buen secado, se deja caer y no debe formar un solo grumo en la mano porque no sirve.
Aroma: si es noble, debe remitir a espacios abiertos y descriptores aromáticos de la gama de los marrones, como tabaco, cacao amargo o aceituna negra. Tiene que tener un aroma fresco, no cítrico, lo cual da cuenta de que fue bien secada.
Sabor: lo correcto es que el sabor sea amargo. Es una característica de la yerba y no un defecto. Si después de tomar el mate siente sabor a quemado, o un rastro rancio, quiere decir que la yerba está cruda porque fue mal estacionada. Hay que saber que el palo aporta sabor y que el polvo suaviza. Con respecto a los saborizantes artificiales, éstos quedan desterrados del mundo del buen mate, no así los saborizantes naturales, como las cáscaras de naranja, pomelo, mandarina o limón. Claro que para esto también hay un secreto: deben secarse totalmente al sol.
Productos Relacionados
